—¿Papá hizo algo malo?
Guardé rápidamente los documentos.
—No sé.
Era la única respuesta sincera que podía darle.
En ese momento los altavoces volvieron a encenderse.
La voz de Alejandro sonó desde la cabina.
—Valeria, gracias por haber confiado en mí cuando nadie más quiso hacerlo.
Algunos pasajeros volvieron a aplaudir.
Yo ya no escuchaba una declaración romántica.
Escuchaba cada palabra como una pista.
—Durante meses —continuó Alejandro— me pediste que esperara hasta tener todas las respuestas. Hoy finalmente las tenemos.
Valeria empezó a llorar.
La sobrecargo seguía sosteniendo la pequeña caja roja.
Entonces Alejandro dijo:
—Y quiero que todos sean testigos de que voy a cumplir mi promesa.
Me puse de pie.
No podía soportarlo más.
—¡Alejandro!
Mi voz atravesó la cabina.
Los aplausos murieron.
Valeria giró.
Cuando me vio, perdió el color del rostro.
La sobrecargo bajó la caja.