Mi hijo y yo abordamos en secreto el vuelo de mi esposo piloto para sorprenderlo… pero cuando tomó el micrófono y dijo que había “una persona muy especial” a bordo, mi hijo sonrió emocionado mientras yo sentía que algo no estaba bien

Y todo cambió.

Alejandro no aparecía en ella.

Valeria estaba sentada en una cafetería frente a un hombre de unos sesenta años.

Lo reconocí inmediatamente.

Roberto Ramírez.

Mi suegro.

El hombre que llevaba casi dos años sin hablar con Alejandro después de una pelea familiar que ninguno de los dos quiso explicarme.

Debajo de la fotografía alguien había escrito:

“No es una aventura. Pregunta por los 2.8 millones.”

Abrí la copia bancaria.

Era una transferencia por 2,800,000 pesos.

Ordenante: Roberto Ramírez.

Beneficiaria: Valeria Montes.

Fecha: hacía cuatro meses.

Sentí un escalofrío.

¿Qué demonios tenía que ver mi suegro con aquella mujer?

Entonces abrí la última hoja.

Solo había una frase:

“Si Alejandro hace hoy lo que Valeria le pidió, mañana perderá mucho más que su matrimonio.”

Leí aquello dos veces.

Después una tercera.

Mateo me observaba con los ojos llenos de miedo.

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