Mi hijo y yo abordamos en secreto el vuelo de mi esposo piloto para sorprenderlo… pero cuando tomó el micrófono y dijo que había “una persona muy especial” a bordo, mi hijo sonrió emocionado mientras yo sentía que algo no estaba bien

—Todavía no, campeón.

Por eso, cuando Alejandro comentó que tendría un vuelo corto a Monterrey un sábado y regresaría esa misma noche, se me ocurrió sorprenderlo.

Compré dos boletos sin decirle nada.

Mateo se tomó la misión muy en serio. Guardó unos audífonos, gomitas y un dibujo donde aparecía su papá frente a un avión.

Arriba había escrito con letras enormes y chuecas:

“EL MEJOR PILOTO DEL MUNDO”.

Casi nos descubre antes de abordar.

Alejandro cruzó la terminal a menos de diez metros de nosotros y tuve que jalar a Mateo hacia una tienda de recuerdos.

Nos quedamos fingiendo interés en unos llaveros mientras él pasaba.

Mateo se tapó la boca para no reírse.

—Esto parece película de espías, mamá.

—Pues un espía que hace tanto ruido dura cinco minutos.

Finalmente subimos.

Elegí asientos hacia la parte trasera para evitar cualquier posibilidad de que Alejandro nos viera antes del aterrizaje.

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