Junto a mí estaba Rodrigo.
Mi exnovio de la universidad.
Me quedé helada.
—Eso fue en noviembre.
—Lo sé.
—Me lo encontré por casualidad. Estuve ahí veinte minutos.
—Lo sé, Daniela.
Deslicé la imagen.
Había otra.
Rodrigo abrazándome.
El ángulo hacía que pareciera algo íntimo.
Pero yo recordaba perfectamente ese abrazo.
Su papá acababa de morir.
—¿Quién tomó estas fotos?
Mauricio negó con la cabeza.
—Mi mamá dijo que se las mandaron.
—¿Quién?
—Nunca quiso decirme.
Entonces recordé algo.
Una semana después de aquel encuentro, Leticia había venido a nuestra casa.
Me preguntó casualmente si todavía tenía contacto con “muchachos de antes”.
Yo me había reído.
En ese momento no entendí nada.
Ahora sí.
—Mauricio, tu mamá no empezó a sospechar después del nacimiento.
Él me miró.
—Empezó meses antes.
Y entonces tocaron la puerta.
Era uno de los elementos de seguridad acompañado por una mujer del área administrativa del hospital.