El disco duro tardó varias horas en ser revisado por personal especializado.
Mientras esperábamos, recibí un mensaje desde un número desconocido.
“Deja de buscar.”
Se lo enseñé inmediatamente a Ramírez.
Segundos después llegó otro.
“Javier no supo detenerse.”
Me quedé sin respiración.
Luego apareció una fotografía.
Mateo.
Tomada esa misma mañana.
Saliendo de casa de mi hermana.
—¡Mi hijo!
Ramírez ya estaba llamando a una patrulla.
Corrí hacia la salida.
Mi hermana contestó al segundo timbre.
—¿Mateo está contigo?
—Sí. ¿Qué pasa?
—Métanse a la casa. Cierra todo. La policía va para allá.
Llegamos pocos minutos después.
Mateo estaba bien.
Pero sobre el parabrisas del coche de mi hermana había un papel.
Una sola frase:
“Entreguen el disco.”
Ya no quedaba ninguna duda.
Alguien sabía exactamente lo que habíamos encontrado.
Y estaba dispuesto a utilizar a mi hijo para recuperarlo.