Una computadora.
Mateo había dicho que el hombre preguntó por una computadora de Javier.
—Hay una laptop vieja —dije.
Ramírez levantó la mirada.
—¿Dónde?
—En una bodega que renté después de que Javier murió.
Horas después fuimos acompañados por dos agentes.
La bodega estaba llena de cajas, muebles y cosas que nunca tuve valor para tirar.
Encontré la laptop dentro de una caja marcada con el nombre de Javier.
Pero cuando la levanté, escuché algo caer.
Una llave.
Pequeña.
Metálica.
Tenía grabado un número.
—¿De qué es? —preguntó Ramírez.
No tenía idea.
Revisamos la caja.
Debajo de unos documentos había un recibo viejo.
“Caja de seguridad 317.”
Era de una institución financiera en el centro de Querétaro.
El recibo tenía casi cuatro años.
La caja seguía registrada a nombre de Javier.
Al día siguiente, acompañada por un representante legal y personal autorizado, pude iniciar el procedimiento para verificar su situación.