—Problemas del trabajo.
—¿Qué clase de problemas?
—De los que es mejor no llevar a casa.
Me molesté.
Pensé que simplemente no quería hablar conmigo.
Después murió en un accidente carretero.
Y yo dejé de hacer preguntas.
Hasta esa noche.
Mientras la policía seguía tomando fotografías afuera, fui a nuestro cuarto y abrí el clóset.
En la parte superior todavía conservaba una caja con las pertenencias de Javier.
Credenciales.
Fotografías.
Un reloj.
Documentos viejos.
Y una pequeña libreta negra.
La había visto muchas veces.
Nunca la había revisado completa.
Esta vez sí.
En las últimas páginas encontré nombres.
Empresas.
Cantidades.
Fechas.
Y una palabra repetida varias veces:
Salgado.
Debajo aparecía:
“Pagos duplicados.”
“Facturas falsas.”
“Contratistas inexistentes.”
Y finalmente:
“R.S. ya sabe que encontré todo.”
Sentí que me faltaba el aire.
Llevé la libreta directamente con Ramírez.