El corazón empezó a golpearme el pecho.
—¿Hablar conmigo de qué?
Ramírez miró hacia una puerta al final del pasillo.
—Ven.
—No voy a moverme hasta que me digas qué está pasando.
Entonces una enfermera salió de aquella puerta llevando una carpeta azul.
En la portada estaba escrito el nombre completo de mi esposo.
Debajo había una fecha.
La fecha era de hacía nueve meses.
—¿Qué es eso? —pregunté.
La enfermera bajó la mirada.
Ramírez respiró hondo.
—Laura, Daniel no ha estado trabajando todas esas noches.
Sentí que el piso desaparecía bajo mis pies.
—Entonces, ¿dónde estaba?
Antes de que pudiera responder, escuchamos la voz de Daniel detrás de nosotros.
—Laura.
Me giré.
Mi esposo estaba al otro extremo del pasillo.
No llevaba bata de cirujano.
Llevaba ropa de paciente.
Y tenía una pulsera del hospital alrededor de la muñeca.