El asiento de mi esposo estaba ocupado por su secretaria en nuestro jet privado… así que bajé sin discutir, pero una pregunta de la tripulación hizo que todos dejaran de sonreír

Pensaba que eso era apoyar a mi esposo.

Con el tiempo, Rodrigo comenzó a creer su propia historia.

Cuando llegué a la puerta del avión, una sobrecargo se acercó apresuradamente.

—Señora Mariana…

Dos miembros más de la tripulación se pusieron de pie.

Entonces ocurrió algo que hizo que varios ejecutivos voltearan.

Los tres inclinaron respetuosamente la cabeza hacia mí.

La sobrecargo habló en voz baja, pero Rodrigo alcanzó a escucharla.

—¿Desea que cancelemos el vuelo?

El silencio fue inmediato.

Rodrigo se levantó.

—¿Cómo que cancelar el vuelo?

Miré el pequeño emblema dorado bordado en el uniforme de la tripulación.

Era el símbolo de Aviación Montemayor, una empresa de mi familia.

Rodrigo llevaba casi dos años presentando aquel Gulfstream como “el avión corporativo de Grupo Alcázar”.

Yo jamás me había molestado en corregirlo.

—No —respondí tranquilamente—. Que vuelen.

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