El asiento de mi esposo estaba ocupado por su secretaria en nuestro jet privado… así que bajé sin discutir, pero una pregunta de la tripulación hizo que todos dejaran de sonreír

Debajo había un archivo adjunto.

“PLAN DE CONTROL.”

Lo abrí.

No era únicamente un plan para mover patentes.

Era una estrategia para diluir mi participación, trasladar contratos valiosos y dejar una parte importante de Grupo Alcázar dentro de una estructura que yo no controlaría.

Pero al final había una anotación manuscrita escaneada.

“R. todavía no sabe todo.”

Me quedé mirándola.

—¿Rodrigo tampoco sabe todo? —pregunté.

Daniel negó.

—Eso es lo que llevo intentando decirte.

Entonces alguien golpeó la puerta de la oficina.

Tres golpes.

Pausa.

Otros dos.

Esteban se levantó.

—Nadie sabe que estamos aquí.

Daniel guardó la computadora.

Volvieron a golpear.

—Mariana —dijo una voz desde afuera.

Reconocí inmediatamente a mi tía Beatriz.

Abrí la puerta.

Estaba sola.

Elegante como siempre.

Traje beige.

Cabello perfectamente arreglado.

En una mano llevaba un sobre.

—Tía.

—Tenemos poco tiempo.

Daniel se interpuso.

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