El asiento de mi esposo estaba ocupado por su secretaria en nuestro jet privado… así que bajé sin discutir, pero una pregunta de la tripulación hizo que todos dejaran de sonreír

—No le creas.

—¿Cómo sabía lo de la USB?

—No lo sé.

—Daniel.

—Te juro que no lo sé.

Conectamos la memoria a una computadora aislada.

Había cientos de archivos.

Contratos.

Transferencias.

Correos.

Fotografías.

Abrimos una carpeta llamada “M”.

Dentro había grabaciones de audio.

La primera era una conversación entre Fernanda y Rodrigo.

La segunda tenía la voz de mi suegra.

La tercera estaba fechada seis meses atrás.

Daniel me pidió que no la abriera todavía.

—¿Por qué?

—Porque primero necesitas ver esto.

Abrió una hoja de cálculo.

Había pagos mensuales.

150,000 pesos.

220,000.

180,000.

Todos enviados a una empresa de consultoría.

—¿De quién es?

Daniel tardó demasiado en responder.

—De tu tía Beatriz.

Sentí ganas de vomitar.

Entonces apareció otro archivo.

Un correo enviado por Beatriz a Fernanda.

Solo tenía una línea:

“Mariana jamás permitirá la transferencia si sabe el objetivo real. Rodrigo debe mantenerla fuera hasta que todo esté firmado.”

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *