—¿Por qué, papá? —susurré—. ¿Por qué no hiciste nada?
Entonces recordé las palabras de don Ernesto.
No le preguntes primero por qué desapareció. Pregúntale por qué permitió que creyeras que te había abandonado.
Volví a sentarme.
Debajo de la carta había una segunda hoja, doblada en cuatro partes.
La abrí.
Solo contenía una dirección escrita a mano y una frase:
«La entrada está en el antiguo almacén de la empresa. No vayas de día».
Miré el reloj.
Eran las ocho y veinte.
Y yo sabía exactamente dónde estaba aquel almacén.
Capítulo 3. La bodega 108
La antigua fábrica de los Mendoza se encontraba a las afueras de Querétaro, en una zona industrial que había cambiado mucho durante los últimos años.
Mi padre había fundado la empresa con un pequeño taller de maquinaria. Con el tiempo, la convirtió en una compañía de distribución con decenas de empleados y contratos en varios estados.