Durante mucho tiempo pensé que mi historia había comenzado el día en que Verónica me cerró la puerta de la casa.
Me equivocaba.
Mi historia comenzó de nuevo el día en que decidí no volver a vivir como el hombre que ella decía que yo era.
Y esa vez, por fin, nadie podía quitarme esa decisión.
Epílogo: La última llave
Una tarde de octubre, mientras organizaba unas cajas en mi nueva casa, encontré la vieja llave que mi padre me había entregado tantos años atrás.
La misma que había llevado en el bolsillo al regresar de prisión.
La sostuve entre los dedos.
Durante mucho tiempo había creído que aquella llave abría una puerta física.
Después pensé que abría un secreto.
Ahora entendía que había abierto algo mucho más difícil.