LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

Por las cartas que nunca llegaron.

Por los cumpleaños que pasé sin mi familia.

Por los días en que empecé a preguntarme si, a fuerza de repetir mi inocencia, acabaría perdiendo la razón.

Lloré porque, por fin, alguien había reconocido que me habían hecho algo terrible.

Mi padre estaba conmigo cuando recibimos la noticia.

Se acercó lentamente.

—Lo siento, hijo.

Lo miré.

—Ya no tienes que pedirme perdón por lo que hizo Verónica.

Él bajó la cabeza.

—Pero sí por no haber estado contigo.

Asentí.

—Sí.

Me abrazó.

Y aquella vez no me aparté.

No porque todo estuviera arreglado.

Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, podíamos empezar desde la verdad.

La investigación contra Verónica continuó por separado. Las autoridades reunieron pruebas relacionadas con las operaciones financieras, la manipulación de documentos y las amenazas que habían sido denunciadas.

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