Mi padre cerró los ojos.
—¿Y tú le creíste?
—No. Sabía que seguías vivo. Pero tenía miedo.
—¿Miedo de qué?
Mauricio comenzó a llorar.
—De que me denunciaras.
Nadie habló durante varios segundos.
Entonces Ramírez intervino.
—Mauricio, soy el licenciado Ramírez. Si tienes documentos relacionados con un posible delito, debes entregarlos por los canales legales. No vamos a prometerte inmunidad ni a impedir que se investigue tu participación.
—Lo sé.
—¿Estás dispuesto a declarar?
—Sí.
—Tu declaración deberá ser voluntaria y tendrás que asumir las consecuencias de tus actos.
Mauricio respiró profundamente.
—Lo haré.
Antes de colgar, añadió algo que cambió el rumbo de todo.
—Pero tienen que saber una cosa. Mamá acaba de descubrir que papá está vivo. Y esta vez no va a dejar que se escape.
La llamada terminó.
Ramírez se puso de pie inmediatamente.