LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

—Y me elegiste a mí.

Hubo un largo silencio.

—Ella te eligió —dijo finalmente—. Yo no me opuse.

Sentí una rabia tan profunda que apenas podía hablar.

—Me dejaste pasar tres años en prisión.

—Lo sé.

—¿Y ahora quieres que te ayude?

—Quiero darte la carpeta roja.

Mi corazón comenzó a latir más deprisa.

—¿La tienes?

—Sí.

—¿Por qué no la entregas a la policía?

Mauricio tardó en responder.

—Porque hay algo en esa carpeta que también me incrimina.

—Todo lo que hiciste te incrimina.

—Lo sé. Pero hay algo más. Algo que no te he contado sobre la noche en que papá desapareció.

Miré a Ramírez, que estaba sentado al otro lado de la habitación.

Activé el altavoz.

El abogado me hizo una señal para que siguiera hablando, sin prometer nada ni acordar una reunión clandestina.

—¿Qué ocurrió esa noche? —pregunté.

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