LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

Y ahora descubría que quizá ni siquiera estaba muerto.

—Necesito abrir esa bodega —dije.

Don Ernesto negó lentamente con la cabeza.

—Tu padre me dijo que te entregara las llaves, pero también me pidió que te dijera algo.

—¿Qué cosa?

El anciano tomó el sobre amarillento y lo colocó entre mis manos.

—Que no confundieras la verdad con la venganza.

Miré mi nombre escrito con la letra de mi padre.

Me costaba respirar.

—¿Por qué me dijo eso?

—Porque conocía tu carácter, Santiago. Sabía que, si descubrías quién te había traicionado, querrías destruirlo con tus propias manos.

Apreté el sobre.

—Ese hombre me robó tres años de mi vida.

—Lo sé.

—Me quitó la oportunidad de despedirme de mi madre. Después me quitó a mi padre. Y ahora ni siquiera sé dónde está su cuerpo.

Don Ernesto bajó la mirada.

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