LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

Solo demostraba que había algo que ocultar.

Necesitaba más.

Revisé el archivador. Encontré contratos, copias de identificaciones y una carpeta con el nombre de un proveedor.

Dentro había una hoja que me hizo detenerme.

Era una solicitud de acceso al sistema financiero de la empresa.

Mi nombre aparecía en la parte superior.

Mi firma electrónica figuraba al final.

Pero la fecha de autorización correspondía a una noche en la que yo estaba detenido en una comisaría, antes de que me trasladaran al centro penitenciario.

No podía haber autorizado aquella operación.

Tomé una fotografía de cada página con mi teléfono.

Entonces escuché un sonido detrás de la puerta.

Un golpe.

Después otro.

Alguien estaba intentando entrar.

Apagué la linterna.

La manija comenzó a moverse.

—Sabemos que estás ahí, Santiago —dijo una voz masculina—. Deja el libro y sal con las manos vacías.

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