Antes de marcharme, Roberto me hizo una última pregunta.
—¿Todavía me odias?
Lo miré durante varios segundos.
—No quiero vivir odiándote. Pero tampoco voy a fingir que confío en ti.
Me levanté.
Él permaneció sentado.
No nos abrazamos.
No hubo una reconciliación milagrosa.
Pero aquella fue la primera conversación en la que pude decirle lo que sentía sin terminar pidiendo disculpas por ello.
Y eso ya era un comienzo.
Parte 10: Patricia y Diego tuvieron que enfrentarse a sus decisiones
Con el paso de los meses, también recibí mensajes de Patricia y Diego.
Patricia me escribió una carta.
En ella reconocía que había visto cómo Roberto me trataba con dureza y que, en más de una ocasión, había decidido no intervenir para evitar conflictos en su matrimonio.
También admitía que había normalizado situaciones que nunca debieron ocurrir.