Parte 2: La firma que destruyó todas las mentiras de mi padre

Tenía veintidós años y siempre había sido el favorito de mi padre. Durante mi infancia, había recibido teléfonos nuevos, ropa de marca y dinero para salir con sus amigos, mientras yo aprendía a estirar cada peso que ganaba.

Cuando me vio, esbozó una sonrisa incómoda.

—Vaya, Emiliano. Te ves mejor.

No respondí.

Roberto se sentó frente a mí.

Durante un instante, ninguno habló.

Luego comenzó.

—Quiero que entiendas que todo lo que hice fue por la familia.

Sentí una amarga necesidad de reírme.

—¿Echarme a la calle fue por la familia?

—No tenía otra opción.

—¿Y quitarme mis ahorros?

Patricia intervino.

—Ese dinero se utilizó para cubrir necesidades urgentes.

—¿Qué necesidades?

Ella miró a mi padre.

Diego se acomodó en la silla.

Mi abogado, que había acudido conmigo, dejó una copia de la libreta de ahorros sobre la mesa.

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