Parte 2: La firma que destruyó todas las mentiras de mi padre

Ahora tenía frente a mí documentos que parecían capaces de cambiar toda mi vida.

—Emiliano —comenzó Mauricio—, antes de explicarte el contenido de este documento, necesito que entiendas quién era realmente tu abuelo.

—Un hombre que nunca conocí.

—Un hombre que intentó conocerte durante muchos años.

Bajé la mirada hacia la fotografía.

El hombre mayor tenía el cabello completamente blanco, una expresión seria y unos ojos idénticos a los míos. Estaba de pie junto a mi padre, que debía tener unos veintitantos años.

Ambos estaban frente a una casa enorme.

En la parte posterior de la fotografía, mi abuelo había escrito:

«El día que Roberto todavía creía que el dinero podía comprarlo todo».

—¿Mi abuelo era rico? —pregunté.

Mauricio soltó una respiración lenta.

—Joaquín Salgado fundó una empresa de distribución de alimentos hace más de cuarenta años. Comenzó con un pequeño almacén y un camión viejo. Con el tiempo construyó bodegas, adquirió terrenos y convirtió su negocio en una compañía con operaciones en varios estados.

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