Mauricio me ofreció un vaso de agua.
—Lo hiciste bien. No tienes que resolver toda tu vida hoy.
Me quedé mirando el teléfono.
Había pasado dieciocho años intentando conseguir la aprobación de un hombre que ahora parecía más preocupado por mi herencia que por mi bienestar.
Y por primera vez, empecé a comprender que quizá nunca podría obtener de él el tipo de amor que siempre había esperado.
Aquello dolía más que perder el dinero.
Pero también me estaba liberando.
Parte 5: La reunión en la que mi padre perdió el control
Tres días después, Roberto aceptó reunirse con nosotros.
La reunión tuvo lugar en una oficina jurídica, no en nuestra antigua casa ni en ninguna propiedad de la familia.
Mi padre llegó con un traje gris.
Patricia lo acompañaba.
Diego también estaba allí.