—Eso también debe investigarse.
—Pero eran míos. Yo los gané trabajando.
—Lo sé. Conserva cualquier prueba de tus ingresos, depósitos, mensajes o conversaciones sobre ese dinero. No sabemos todavía qué vías legales serán aplicables, pero no vamos a ignorarlo.
Saqué de mi mochila una libreta vieja.
En ella había anotado, durante tres años, los turnos que trabajaba, los pagos que recibía y las cantidades que depositaba en una cuenta de ahorro.
No tenía todos los comprobantes.
Pero tenía suficientes datos para reconstruir buena parte de mis ahorros.
Laura tomó la libreta con cuidado.
—Esto puede ser importante.
Miré las páginas.
Por primera vez, aquellos números que había anotado para no perder el control de mi dinero se convirtieron en algo más que un recuerdo de mis años de trabajo.
Eran una prueba de que yo había intentado construir mi futuro con mis propias manos.