LA ESCRITURA OCULTA: Mi esposo vendió mi casa mientras yo daba a luz, pero nunca imaginó quién estaba detrás de aquella operación

—Eso es lo que todavía necesitamos aclarar.

En ese momento, mi teléfono vibró.

Era un mensaje de Daniel.

«Mariana, por favor, no confíes en Ricardo. Necesito hablar contigo. Lo que pasó con la casa no es exactamente lo que te han contado».

Leí el mensaje varias veces.

Mi hermano había pasado de ser el supuesto comprador a convertirse en alguien que aseguraba querer ayudarme.

No sabía en quién confiar.

Patricia me aconsejó que no respondiera de inmediato y que conserváramos el mensaje.

Sin embargo, yo necesitaba escuchar a Daniel.

Acepté reunirme con él en una cafetería concurrida, acompañada por mi amiga.

Cuando llegó, parecía haber envejecido diez años en una sola noche.

Se sentó frente a mí y bajó la cabeza.

—Perdóname, Mariana.

No le respondí.

—Sé lo que debes estar pensando. Y no voy a fingir que no cometí errores.

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