Parte 2: La verdad que mi padre se llevó a la tumba

—¡Yo era tu clienta!

Laura bajó la cabeza.

—Lo sé. Y debí hablar contigo antes. No voy a justificarlo.

Aquella respuesta me hizo detenerme.

No intentó inventar una excusa.

No me pidió que confiara en ella.

Simplemente admitió que había fallado.

—¿Qué firmé, Laura?

Mi abogada abrió el expediente y colocó tres documentos frente a mí.

—Hace dieciocho meses firmaste una autorización de administración patrimonial. Ricardo te dijo que era necesaria para consolidar tus inversiones. Pero el documento que se presentó posteriormente ampliaba ciertos poderes y permitía gestionar participaciones del fideicomiso bajo determinadas condiciones.

—¿Y yo firmé eso?

—La firma parece ser tuya. Sin embargo, todavía tenemos que verificar si las páginas que se presentaron corresponden al documento que te mostraron originalmente y si la autorización cumplía los requisitos legales.

Me llevé las manos a la cara.

Recordaba aquel día.

Ricardo había llegado a casa con una carpeta de documentos.

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