Ahora sabía que su esposo había intentado disponer de una propiedad que ni siquiera le pertenecía y había preparado el camino antes de que Elena muriera.
Lo que todavía no sabía era por qué necesitaba tanto dinero.
Volvió a la caja del pozo.
Los documentos estaban extendidos sobre la mesa de su madre, separados con cuidado para no romper los bordes humedecidos.
Había recibos antiguos, hojas de trabajo, varias notas de Gabriel y una copia amarillenta de un reporte relacionado con la jornada en que murió.
Teresa conocía la versión de aquel día de memoria.
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Gabriel había participado en una jornada de tala.
Un tronco había caído en una dirección inesperada.
Lo había aplastado.
Accidente.
Eso le dijeron cuando era joven.
Eso repitió Elena durante décadas cuando alguien preguntaba.
Pero entre los papeles había una hoja escrita por Gabriel dos días antes de morir.
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