Había montos mensuales, conceptos de asesoría y espacios para firmas.
Mi nombre estaba escrito debajo de uno de ellos.
Sin firma.
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En la última página encontré una nota impresa con una lista de documentos pendientes.
Entre ellos estaba el acta constitutiva que Javier me había pedido tres días antes.
Volví a leer esa línea.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
La cena, la insistencia de Mercedes, la factura a nombre de mi empresa y la transferencia dejaron de parecer incidentes separados.
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Levanté los papeles.
—¿Esto es lo que necesitabas completar con mi acta constitutiva?
Javier miró alrededor antes de responder.
Seguía preocupado por la gente.
Siempre la gente.
Siempre la imagen.
—Era una propuesta.
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—Una propuesta se presenta antes de transferir $86,400 pesos.
—Ese pago sí estaba autorizado dentro de mis funciones.
—Tú coordinabas pagos a proveedores.
Hice una pausa.
—No te autorizaba a convertir a tu propia empresa en proveedor sin avisarme.