Cinco médicos iban a dar de alta a una niña que seguía llorando cuando vi que señalaba un punto del pie que nadie había examinado. Mientras ellos cerraban el caso, ella ni siquiera podía apoyarlo. “Mañana estarás delante de dirección, y tendrás suerte si sigues llevando ese uniforme.” Sujeté la barandilla, frené el alta y pedí otra prueba; horas después, un registro de medicación reveló algo mucho peor. –

Entonces Alba murmuró:

—Nadie me cree.

Lucía apretó la barandilla.

—Pues yo sí.

Salcedo dejó caer la carpeta sobre la mesa.

—El alta está firmada.

—Entonces tendrán que firmarla conmigo agarrada a esta cama, porque yo no voy a ayudar a sacar a una niña que sigue sin poder apoyar el pie.

El silencio fue brutal.

—Mañana estarás delante de dirección —respondió Salcedo—. Y tendrás suerte si sigues llevando ese uniforme.

Fue Álvaro quien intervino.

—Espere.

Miró a Lucía.

—¿Está segura?

—No. Si estuviera segura sería médica y estaría diagnosticando. Lo que sí sé es que el dolor está en otro sitio. Si me equivoco, perderán 1 hora. Si tengo razón, Alba puede evitar semanas de complicaciones.

Álvaro volvió la cabeza hacia Salcedo.

—Anulen el alta. Quiero otra radiografía y un TAC.

40 minutos después, un residente apareció al final del pasillo con el informe en la mano.

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