Entonces Alba murmuró:
—Nadie me cree.
Lucía apretó la barandilla.
—Pues yo sí.
Salcedo dejó caer la carpeta sobre la mesa.
—El alta está firmada.
—Entonces tendrán que firmarla conmigo agarrada a esta cama, porque yo no voy a ayudar a sacar a una niña que sigue sin poder apoyar el pie.
El silencio fue brutal.
—Mañana estarás delante de dirección —respondió Salcedo—. Y tendrás suerte si sigues llevando ese uniforme.
Fue Álvaro quien intervino.
—Espere.
Miró a Lucía.
—¿Está segura?
—No. Si estuviera segura sería médica y estaría diagnosticando. Lo que sí sé es que el dolor está en otro sitio. Si me equivoco, perderán 1 hora. Si tengo razón, Alba puede evitar semanas de complicaciones.
Álvaro volvió la cabeza hacia Salcedo.
—Anulen el alta. Quiero otra radiografía y un TAC.
40 minutos después, un residente apareció al final del pasillo con el informe en la mano.