—Necesitaba hacerlo así.
—También lo sé.
Lucía bajó la mirada.
—¿Y sabes otra cosa?
Álvaro esperó.
—Me equivoqué al pensar que querer ayudarme significaba que no me respetabas. Pero tú también te equivocaste al creer que podías solucionar mi vida como solucionas una empresa.
Él soltó una pequeña risa.
—Eso también lo sé.
—Perfecto. Estamos progresando.
Alba los observaba alternativamente desde el centro del recibidor.
—¿Ya habéis terminado de discutir?
Los 2 rieron.
Fue la primera vez que aquella casa escuchó una risa así desde hacía demasiado tiempo.
Álvaro se acercó a Lucía.
—No quiero salvarte. Creo que por fin he entendido eso. Solo quiero estar cuando no necesites que nadie te salve.
Lucía lo miró durante varios segundos.
Después señaló a Alba.
—Yo también quiero estar. Pero por ella no pienso negociar.
—Eso me parecía.
Alba sonrió como si hubiera comprendido algo que los adultos habían tardado meses en aceptar.