Lucía tenía motivos para odiarla.
Sin embargo, lo primero que vio en Elena no fue una enemiga.
Vio miedo.
El mismo miedo de Alba cuando decía que nadie la creía.
El mismo miedo que había visto en su padre muchos años atrás cuando dudaba si insistir porque no quería molestar a un médico.
—¿Puedes demostrarlo?
Elena asintió.
Había guardado mensajes.
Capturas.
Copias de solicitudes.
Fotografías de inventarios antes de ser modificados.
Y un cuaderno donde registraba fechas por si algún día encontraba el valor de hablar.
Al día siguiente, las 3 mujeres acudieron a dirección.
Esta vez Lucía no entró sola.
Sobre la mesa colocaron 2 cuadernos, conversaciones impresas, registros horarios, documentos internos y la prueba informática de que Lucía se encontraba en otra habitación exactamente en el momento de la supuesta administración.