—¿La viste después?
—Una vez.
Daniel se acercó.
Seguridad se interpuso antes de que llegara a ella.
Marta continuó.
—La vi en casa de una mujer que ayudaba a Lucía. Verónica estaba escondida porque Daniel la estaba buscando.
—¿Por qué no se llevó a Emiliano?
—Porque no podía acercarse sin que la siguieran.
—¿Y tú mantuviste al niño con Daniel?
Marta cerró los ojos.
—Sí.
No hubo una excusa capaz de suavizar esa respuesta.
En las horas siguientes, el hospital activó los mecanismos correspondientes para proteger a Emiliano y comunicar la información a las autoridades competentes sin exponer al niño a más preguntas de las necesarias.
Yo no dirigí esa parte.
Mi responsabilidad seguía siendo médica.
Y por primera vez en toda la noche agradecí tener un límite claro.
Emiliano necesitaba sobrevivir a la infección antes de convertirse en la pieza central de cualquier investigación adulta.