Daniel dio un paso hacia mí.
No fue agresivo.
Fue calculado.
—Doctora Robles, usted ya causó suficientes problemas con Lucía hace tres años.
El pasillo pareció estrecharse.
—¿Cómo sabe mi nombre?
Daniel se detuvo.
Marta lo miró.
Él comprendió que acababa de confirmar otra cosa.
Nos conocía desde antes.
O, por lo menos, conocía mi participación en el caso de Lucía.
—¿Usted me llamó para decirme que había muerto? —pregunté.
Daniel sonrió apenas.
—No recuerdo todas las llamadas que hice hace tres años.
No era una confesión.
Pero tampoco una negación.
Y entonces Marta hizo algo que ninguno esperaba.
Sacó de su bolsa la hoja arrugada con el logotipo azul de CRECER.
La sostuvo unos segundos.
Después me la entregó.
Daniel la miró con furia.
—¿Qué haces?
Marta no lo miró.
—Ya salió mal.
—Dámela.
—No.
Era la primera vez que se oponía a él.