La culpa que había cargado durante tres años regresó de golpe.
Yo siempre había pensado que no había hecho suficiente por Lucía.
Quizá ella también lo había pensado.
Pero, por alguna razón, seguía recordando que yo había dudado de la historia que le contaban.
—¿Lucía te pidió algo más?
—Sí.
—¿Qué?
—Que si usted encontraba el papel, preguntara dónde está mi mamá.
Ahí estaba la parte que Marta había evitado desde el principio.
La madre de Emiliano.
—¿Cómo se llama tu mamá?
—Verónica.
—¿Cuándo fue la última vez que la viste?
—No sé.
—¿Mucho tiempo?
Asintió.
—Marta dice que se fue.
—¿Tú lo crees?
Emiliano miró el techo.
—Lucía dice que no.
No quise presionarlo más.
Salí de la habitación con una pregunta nueva.
Si Lucía estaba viva, entonces alguien había mentido sobre su muerte.