Yo no volvería a esconder dinero detrás de una empresa para proteger una imagen que me excluía.
El sobre permaneció varias semanas en mi oficina.
Un viernes, mientras ordenaba documentos, lo encontré debajo de una carpeta.
Lo abrí.
La propuesta seguía ahí con todas las cifras, proyecciones y condiciones que había preparado antes de Pascua.
Era un buen plan.
Profesional.
Cuidadoso.
Exactamente el tipo de solución que yo había creado durante años para problemas que nadie quería reconocer.
Lo miré un momento y luego saqué las hojas.
No las rompí.
No necesitaba convertirlas en símbolo de venganza.
Las marqué como canceladas y las guardé en el archivo correspondiente de Horizonte.
Después tomé el sobre vacío y estaba a punto de tirarlo cuando Sofía entró en mi despacho.
—¿Me das eso?
—¿El sobre?
Asintió.
Se lo entregué.
Corrió hacia la mesa pequeña que tenía junto a la ventana, sacó sus colores y empezó a dibujar sobre él.