La sangre se me heló.
Margaret abrió apresuradamente la carpeta.
—Señor Rivers, Claire descubrió algo antes de morir. Intentó denunciarlo, pero nadie quiso escucharla.
Me mostró un documento.
Era una autorización de adopción.
Al pie aparecía una firma.
Mi firma.
Pero yo jamás había firmado aquel documento.
—Esto es una falsificación —susurré.
Margaret me miró con lágrimas en los ojos.
—Claire también lo sabía.
En ese instante sonó mi teléfono.
Era Daniel.
Contesté con las manos temblorosas.
—Michael —dijo alegremente—. Acabo de verte en las noticias. Felicidades por la donación.
Apreté los dientes.
—Daniel, necesito preguntarte algo.
—Claro, amigo.
—¿Dónde está mi hija Sophie?
Hubo un silencio prolongado.
Después escuché una respiración agitada.
—Michael… ¿quién te habló de esa niña?
—Su madre.
Daniel soltó una maldición.
Y entonces pronunció una frase que me dejó paralizado.