Tampoco aseguró algo que todavía debía evaluarse.
Advertisement
Solo dejó clara una cosa: nadie iba a obligar a Valeria a contarme a mí, a Mauricio o a cualquier otra persona una historia completa en ese cuarto.
Eso me quitó una carga que yo ni siquiera había notado que llevaba encima.
Yo quería saber.
Claro que quería saber.
Quería una explicación que acomodara cada cambio de conducta, cada puerta abierta por la noche, cada vez que Valeria había apartado su silla cuando Mauricio se acercaba.
Pero querer saber no me daba derecho a empujarla.
Así que me senté a su lado.
Advertisement
Esperé.
Esperé mientras coloreaba una hoja que le consiguió una enfermera.
Esperé mientras su papá llamaba otras cuatro veces.
Esperé mientras ella dibujaba una casa pequeña con dos ventanas, una puerta verde y una luna enorme arriba.
Cuando terminó, tomó el crayón azul y tachó la luna.