Fue entonces cuando entendí hasta qué punto yo había cedido espacios de mi propia vida por comodidad o por miedo a discutir.
El correo familiar estaba vinculado a una cuenta que él administraba.
Algunas notificaciones de servicios llegaban solo a su teléfono.
Incluso la póliza médica estaba configurada para mandar avisos al contacto principal.
Eso explicaba una parte del misterio de la primera noche.
Mauricio sí podía haberse enterado de que habíamos ingresado a urgencias por una notificación.
Pero no explicaba lo demás.
No explicaba por qué había mencionado la lámpara antes de que yo dijera una sola palabra sobre ella.
No explicaba por qué pidió que Valeria no contara cosas confundidas.
No explicaba la amenaza que ella había repetido.
Y no explicaba por qué su primer impulso había sido controlar lo que yo debía decir en el hospital.