—Entonces, ¿qué quieres?
Gabriel pensó antes de responder.
—Quiero hacerme responsable de lo que sí puedo cambiar ahora.
Señaló el techo.
—Esta finca estaba a punto de venderse porque yo firmé el proceso sin saber que ustedes vivían aquí. Ya lo detuve. Voy a revisar la propiedad para que nadie pueda sacarlos de aquí por una decisión mía o de mi madre.
Adrián frunció el ceño.
—¿Nos la vas a regalar?
—No sé todavía cuál sea la forma correcta en los papeles. No quiero prometer algo antes de tenerlo claro. Pero sí sé esto: no se vende y ustedes no se van porque yo aparecí de repente.
Isabel miró la caja.
Por primera vez desde que Gabriel había regresado, su expresión perdió algo de dureza.
No confianza.
Todavía no.
Pero sí resistencia.
—Adrián tiene derecho a decidir qué quiere hacer contigo —dijo.