PARTE 2: EL SECRETO DE LA ADOPCIÓN

Sentí que el estómago se me cerraba.

—¿Mi hija está en peligro?

—No tenemos evidencia de una amenaza inmediata, pero es importante que preserve los documentos y limite el acceso de terceros a su expediente.

Apreté el teléfono.

—¿Mis padres están involucrados?

Harrison respiró profundamente.

—Sus nombres aparecen en documentos que no deberían haber firmado.

Aquella noche nos marchamos.

No permití que Carmen se despidiera de Renata.

Mi hija llevaba su abrigo rojo y abrazaba un pequeño conejo de peluche.

Era el único regalo que había recibido aquella Navidad.

Se lo había comprado yo.

Mientras la acomodaba en el automóvil, me preguntó:

—Papá, ¿vamos a volver aquí?

Le acaricié el cabello.

—No hasta que yo sepa que te van a tratar como mereces.

Renata bajó la mirada.

—La abuela dice que tú me quieres porque todavía no sabes la verdad.

Sentí que el mundo se detenía.

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