Miré a mi marido.
—¿Utilizaste mi tarjeta sin permiso?
—Es dinero del matrimonio —respondió nerviosamente.
—La tarjeta pertenece a mi empresa, Javier.
El silencio fue inmediato.
Mercedes se incorporó.
—¡No exageres! ¡Mi hijo sólo quería invitarme a cenar!
Uno de los agentes pidió revisar la documentación disponible.
Entonces mi teléfono vibró.
Era un mensaje de Laura, mi contable.
«Clara, he detectado transferencias sospechosas desde la cuenta empresarial. Necesitamos hablar urgentemente».
Abrí el archivo adjunto.
Tres transferencias.
Cuarenta y ocho mil euros.
Todas destinadas a una sociedad llamada Rivas Consultores.
La empresa de Mercedes.
Sentí que el estómago se me encogía.
—Javier, ¿qué has hecho?
Su rostro palideció.
—Podemos hablarlo en casa.
—No. Hablaremos delante de mi abogado.
Mercedes golpeó la mesa.
—¡Después de todo lo que hemos hecho por ti!
La miré fijamente.
—Precisamente por eso quiero saber cuánto me han quitado.