Sergio soltó una carcajada.
—Siempre has sido el favorito. Llegaste a esta casa cuando ya estaba todo hecho y, de repente, todos tenían que preocuparse por ti. Ahora vienes con tu empresa, tu dinero y tus abogados a decirnos cómo debemos vivir.
Lo miré fijamente.
—Joaquín y Pilar me adoptaron porque quisieron. Nunca me hicieron sentir que debía pagarles por ello. Si he conseguido algo en la vida, es en parte gracias a ellos. Y no voy a quedarme mirando mientras alguien los engaña.
Mi padre dio un paso hacia la mesa.
—Sergio, quiero que me expliques esos papeles.
Por primera vez, mi hermano pareció perder la seguridad.
—Papá, no tienes que preocuparte. Son asuntos legales complicados. Yo me encargo.
—No —respondió Joaquín—. Si mi nombre aparece en un documento, tengo derecho a saber qué estoy firmando.
Aquella frase cambió el ambiente de la habitación.