Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

Abrí la carpeta sobre la mesa.

La primera hoja parecía un documento administrativo. La segunda contenía datos personales de mis padres. La tercera tenía una descripción detallada de la vivienda, incluida la dirección, la superficie y los datos registrales.

Pero fue la cuarta hoja la que me hizo apretar los puños.

Era un borrador de escritura para transmitir la propiedad de la casa a Sergio.

No se trataba de una autorización para pagar facturas ni de un trámite para organizar los gastos domésticos. El documento contemplaba que mis padres cedieran la propiedad de su vivienda a mi hermano.

Y había algo todavía peor.

En una de las cláusulas aparecía una referencia a la posibilidad de que mis padres abandonaran voluntariamente la casa una vez formalizada la transmisión.

Levanté la mirada.

—¿Qué significa esto, Sergio?

Mi hermano se cruzó de brazos.

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