Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

—¿Y por qué no me lo contasteis?

—Porque tu hermano nos pidió que no te preocupáramos. Decía que estabas muy ocupado y que nosotros debíamos resolver nuestros problemas sin molestarte.

—¿Y lo creísteis?

—Es nuestro hijo, Álvaro. Siempre quieres pensar que tus hijos van a encontrar la manera de salir adelante.

Me quedé callado.

Entonces comprendí algo que hasta ese momento no había querido aceptar: mis padres no estaban simplemente siendo engañados con papeles.

También estaban atrapados en la esperanza de que su hijo biológico volviera a ser el muchacho que habían criado.

Pilar se secó los ojos.

—A veces le tenemos miedo a su enfado.

La miré.

—¿Os ha amenazado?

—No nos ha pegado, si eso es lo que preguntas. Pero grita. Nos dice que somos una carga, que no sabemos hacer nada y que deberíamos agradecerle que esté aquí.

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