—¿Y por qué no me lo contasteis?
—Porque tu hermano nos pidió que no te preocupáramos. Decía que estabas muy ocupado y que nosotros debíamos resolver nuestros problemas sin molestarte.
—¿Y lo creísteis?
—Es nuestro hijo, Álvaro. Siempre quieres pensar que tus hijos van a encontrar la manera de salir adelante.
Me quedé callado.
Entonces comprendí algo que hasta ese momento no había querido aceptar: mis padres no estaban simplemente siendo engañados con papeles.
También estaban atrapados en la esperanza de que su hijo biológico volviera a ser el muchacho que habían criado.
Pilar se secó los ojos.
—A veces le tenemos miedo a su enfado.
La miré.
—¿Os ha amenazado?
—No nos ha pegado, si eso es lo que preguntas. Pero grita. Nos dice que somos una carga, que no sabemos hacer nada y que deberíamos agradecerle que esté aquí.