Parte 2: Elena recibió la carpeta, pero no la abrió de inmediato

A la semana siguiente volvió.

Y a la siguiente también.

Con el tiempo, los niños comenzaron a hacer preguntas.

Álvaro aprendió a responder sin culpar a Elena, sin inventar excusas y sin exigir que lo perdonaran.

Un día, mientras recogían las piezas del juego, Hugo le preguntó:

—¿Por qué no viniste cuando éramos bebés?

Álvaro dejó una pieza sobre la mesa.

—Porque tuve miedo y fui egoísta. Pensé que podía escapar de mis responsabilidades si no las miraba. Me equivoqué y os hice daño.

—¿Y ya no tienes miedo?

Álvaro tardó en responder.

—Sí. Pero ahora sé que tener miedo no me da derecho a desaparecer.

Hugo reflexionó un momento y volvió a guardar las piezas.

No dijo que lo perdonaba.

No hacía falta.

Aquella tarde, por primera vez, fue él quien preguntó:

—¿Vas a venir el sábado que viene?

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