Se burlaron del anciano que pidió comida por tocar el piano, hasta que una sola nota cambió todo….

—No sabía quién era usted.

Ernesto lo observó durante varios segundos.

Después dijo:

—Ese fue precisamente el problema.

Y salió.

Seis meses después, el centro abrió sus puertas.

Arturo aceptó encabezar el comité durante la primera etapa.

Daniela comenzó como voluntaria mientras terminaba sus estudios.

Ernesto casi nunca aparecía en fotografías.

Prefería sentarse en una esquina, conversar con los hombres y mujeres que llegaban buscando ayuda y preguntarles algo muy sencillo:

—¿Qué necesitas para empezar otra vez?

A veces era capacitación.

A veces un trabajo.

A veces alguien que escuchara. Y algunas veces era únicamente una comida caliente.

El piano del salón permaneció allí durante años.

Los empleados contaban la historia a quienes preguntaban por qué un pequeño desgaste sobre una de sus teclas nunca había sido reparado.

Decían que una noche un anciano vestido con ropa vieja pidió tocarlo a cambio de cenar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *