Se burlaron del anciano que pidió comida por tocar el piano, hasta que una sola nota cambió todo….

Nadie habló.

Todos conocían la historia.

Meses atrás, un benefactor anónimo había aportado una cantidad enorme para poner en marcha el centro.

La identidad del donante nunca se había revelado.

—Ochenta millones de pesos —dijo Ernesto.

Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia.

Ricardo abrió ligeramente la boca.

Ernesto lo observó.

—Yo hice esa donación.

Alguien dejó caer un cubierto.

El sonido pareció enorme.

Ricardo se quedó blanco.

—No.

—Sí.

—Eso es imposible.

—Después de regresar, comencé un pequeño negocio. Creció con los años. Tuve más suerte de la que esperaba.

Ernesto señaló las mesas.

—Tengo suficiente.

Miró nuevamente el salón.

—Y siempre he pensado que la mejor manera de recordar a quienes no regresaron es cuidar a quienes sí volvieron.

Ricardo parecía buscar una explicación.

—Entonces… ¿por qué vino vestido así?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *