Durante una operación, su unidad quedó aislada.
Ernesto ayudó a sacar a varios compañeros heridos.
Después desapareció.
Durante mucho tiempo se creyó que había muerto.
En realidad había sido capturado.
Pasó casi tres años encerrado.
—Había noches —dijo— en las que no teníamos nada.
Miró el piano.
—Ni noticias de casa. Ni certeza de que saldríamos vivos.
Se tocó ligeramente la sien.
—Así que tocábamos aquí.
Arturo frunció el ceño.
—¿Aquí?
—En la cabeza.
Ernesto sonrió con tristeza.
—Yo les describía las canciones. Tarareábamos lo que recordábamos. La música era una cosa que nadie podía quitarnos.
Arturo palideció.
Parecía recordar algo.
—Espere…
Ernesto lo miró.
—¿Su nombre completo?
Hubo una larga pausa.
—Ernesto Salgado Ramírez.
Arturo dio un paso atrás.
—Dios mío.
Varias personas lo miraron.
—¿Qué ocurre?
Arturo señaló al anciano.