—Adrián, piensa bien antes de destruir nuestra familia por algo que ocurrió hace diecisiete años.
Él miró la lona descolorida, las cajas de fruta y la silla vacía donde Daniel había estado minutos antes.
—Eso es exactamente lo que estoy haciendo.
Terminó la llamada.
No hubo satisfacción.
Tampoco alivio.
Lucía regresó después de despedir al cliente.
—¿Te explicó algo que no supieras?
—No.
—Entonces ya tienes tu respuesta.
Adrián guardó el teléfono.
—No quiero que Daniel pague por lo que ella hizo.
Lucía lo miró con firmeza.
—Daniel tampoco va a pagar por lo que tú hiciste.
Adrián entendió la diferencia.
No podía llegar después de dieciséis años y exigir que Daniel lo aceptara para demostrar que el engaño de Mercedes había sido terrible.
El muchacho no era la prueba de un caso.