Para él, la recuperación física era una cuenta regresiva.
Para mí también, aunque por motivos distintos.
Cada día que pasaba yo recuperaba un poco de fuerza y él se acercaba al momento en que esperaba regresar a casa y continuar con el proyecto que había descrito a Jessica.
Había una ironía brutal en eso.
Parte de la razón por la que podía recuperarse era el hígado que yo le había dado.
No podía recuperarlo.
No podía exigirle a mi cuerpo que deshiciera la operación al enterarme de quién era realmente mi esposo.
Lo único que todavía podía controlar era qué iba a hacer con la vida que me quedaba después de conocer la verdad.
David intentaba volver a caminar con normalidad.
Yo aprendía otra vez a moverme sin sentir que cada paso tiraba de las grapas.