“Mamá, te quiero.”
Diez años después, su letra estaba otra vez frente a mí.
Abrí el sobre con cuidado para no romperlo.
Dentro había tres hojas dobladas.
La primera comenzaba con una frase que me obligó a detenerme.
Advertisement
“Mamá, si estás leyendo esto, primero necesito pedirte que no culpes al papá de mi bebé por mi silencio.”
Tuve que leerla dos veces.
Seguí.
Mi hija explicaba que él sí sabía del embarazo.
No la había abandonado.
No había huido.
Había querido estar presente.
Según sus palabras, incluso había insistido en acompañarla a hablar conmigo, pero ella se había negado.
“No porque me avergüence de él”, había escrito.
“Porque tengo miedo de que todos empiecen a decidir por mí.”
Sentí una punzada dolorosa al recordar todas las preguntas que le hice cuando me confesó que estaba embarazada.